#LunesdeConceptos

22/07/2019

Articulos - Clínica

La externalización del síntoma o del problema es una herramienta terapéutica que busca que las personas puedan tomar distancia de sus problemas permitiendo observar activamente sus dificultades o síntomas.

 

Cuando las personas acuden a un Psicólogx en busca de ayuda, normalmente han llegado a un punto en el que creen que algo en ellos está mal o resulta problemático.

 

Por esto es necesario que aprendamos a reconocer que los síntomas o pensamientos no nos definen como personas sino que son externos a nosotros.

 

Para resolver esto, White (1993) propuso el concepto de externalización. En terapia, externalizar consiste básicamente en utilizar el lenguaje para convertir los problemas que afectan a las personas y a sus relaciones en entidades separadas de éstas, con lo cual pasa a ser posible luchar contra ellos.

 

El objetivo de la externalización es enseñar a las personas a que se den cuenta de que ellos y sus problemas no son lo mismo.

 

Y además, se pretende despatologizar al paciente. No es lo mismo decir “soy ansioso” que decir “en este momento estoy sintiendo ansiedad” sentir y ser son conceptos muy distintos donde uno busca internalizar y hacerlo propio de la persona y el otro busca externalizar.

 

El valor terapéutico de la externalización reside en crear una distancia entre las personas y sus problemas y por lo tanto, posibilita la afrontación activa hacia el problema.

 

La externalización tiene múltiples respuestas positivas, tales como:

 

  1. Hace disminuir los conflictos personales más estériles incluyendo las disputas en torno a quién es responsable del problema.

  2. Combate la sensación de fracaso que aparece en muchas personas ante la persistencia del problema pese a sus intentos de resolverlo.

  3. Allana el camino para que las personas cooperen entre sí, se unan en una lucha común contra el problema y logren sustraerse a su influencia.

  4. Abre nuevas posibilidades de que las personas actúen para apartar sus vidas y relaciones de la influencia del problema.

  5. Permite a las personas afrontar de un modo más desenfadado, más eficaz y menos tenso problemas que parecían «terriblemente serios».

  6. Ofrece opciones de diálogo, y no de monólogo, sobre el problema.

 

Julia Balakuniec

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